Antes de la colonización, pueblos originarios como los Caribes, Waraos y Yanomamis mediante el uso de técnicas de tala artesanal utilizaban maderas como: Curarire (resistente al agua) para canoas y viviendas palafíticas, Bucare de rápida combustión como leña en rituales, y caucho silvestre para uso incipiente en herramientas.
Posteriormente, en la época de la colonia (siglos XVI-XVIII), la explotación maderera en Venezuela avanza cuando maderas preciosas como el caoba, el cedro y el roble eran extraídas para la construcción de navíos, viviendas y obras religiosas. Ciudades como Cumaná y Maracaibo se convirtieron en centros de comercio gracias a sus bosques ricos en especies valiosas.
En los años 50-70, el país experimentó un crecimiento industrial maderero, especialmente en estados como Bolívar, Amazonas y Portuguesa, donde se establecieron los primeros aserraderos mecanizados. La demanda nacional e internacional impulsó la extracción de:
– Maderas duras: Araguaney (árbol nacional), samán, apamate.
– Maderas blandas: Pino caribe (introducido en plantaciones forestales).
A partir de los años 90, Venezuela adoptó normativas como la Ley de Bosques (2013) y estándares de certificación internacional promoviendo:
En Palma, honramos esta herencia combinando tradición maderera con innovación sustentable. Garantizamos un proceso integral (tumba, transporte, procesamiento y exportación) que cumple con los más altos estándares, contribuyendo al desarrollo económico de Venezuela.